Cuando empecé a correr, sabía muy poco. Pensaba que correr era ponerme los zapatos, seguir un plan y sumar kilómetros. Hoy, aunque sigo siendo una corredora lenta, y no me da vergüenza, ya no soy la misma. La experiencia, los errores y los buenos entrenamientos me han enseñado mucho.
Tardé tiempo en entenderlo. Al principio me comparaba con todos: con los que corrían más rápido, más lejos y sentía frustración. Hoy sé que ser lenta no me quita mérito. Soy constante, disfruto mis entrenamientos y he visto cómo mi cuerpo y mi mente están en armonía. Lo que realmente importa es que YO (tú) lo disfrute(s).
No necesitas ser rápida para ser corredora.
No necesitas ser perfecta para mejorar.
Dejar de compararte te dará libertad.
- Andrea Pacheco -

